
“¡Eureka!” debe haber exclamado quien las encontró. Ahora, es increíble que, estando dentro de un museo, nadie supiera de su existencia. Escenas faltantes del mítico film expresionista del alemán Fritz Lang Metrópolis (1927) fueron halladas en un museo del cine de Buenos Aires. El ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires las presentará esta tarde en una conferencia de prensa. ¿Qué explicación tendrán al respecto? Me intriga muchísimo. Las escenas recuperadas permitirán reconstruir y restaurar el filme, que estaba dañado e incompleto, y constituyen un hallazgo fundamental. La versión original de la película ya se daba por perdida y luego de la última restauración, realizada en 2001, se consideraba que los fragmentos faltantes se habían perdido para siempre. Es una de las obras cumbres del cine expresionista alemán y está incluida en el “Memory of the World Registrer”, de la Unesco.

Lo particular de esta película, que fue rodada desde 1925 a 1927, es que incluyó más de 40 mil extras. Este sería un hito de inicio del cine de ciencia ficción, aunque en aquel momento la película fue un fracaso de taquilla. Y de crítica. La acción transcurre alrededor del año 2000, en una sociedad utópica gobernada por el orden, la limpieza y la tecnología. Es un mundo habitado por una clase social pudiente, llevan una existencia alegre, tranquila y pacífica, sin ningún tipo de preocupaciones. Pero para que ese mundo exista, es necesario que bajo tierra haya miles de obreros condenados a trabajar noche y día, en condiciones de esclavitud, al servicio de las máquinas. En el fondo de la aparente perfección existe el drama de dos clases sociales completamente opuestas: una de ellas dedicada al descanso y la diversión, otra explotada, miserable y dedicada por completo al trabajo.

Una combi, muy al estilo de la que usaron Cortázar y Carol Dunlop el día de mayo de 1982, cuando recorrieron el trayecto desde París a Marsella. Un poco más moderna, a decir verdad. El raíd: catorce países, en ocho meses. Más de 150 proyecciones gratuitas de largos y cortos argentinos. Eso es, básicamente, Rodando Cine, una locura que emprenden por estos días dos jóvenes de 24 años, Inés Kratch y Alex Sly.
Viajar, conocer lugares y acercar la cultura argentina a los rincones más remotos fueron los motores de este proyecto. Con el apoyo imprescindible de varias instituciones - la fundación española Inquietudes, la argentina Universidad del Cine y la Dirección Nacional de Juventud, perteneciente al Ministerio de Desarrollo Social de Argentina- convencieron a los directores de que les cedieran los derechos de los filmes, cargaron el equipaje y comenzaron el viaje. Incluso, a muchos directores les convenció la idea particularmente porque de otra forma, nunca llegarían a esas regiones tan lejanas.
¿Qué habrá en cartelera? De todo: Humor, drama, documentales. Algunos títulos: El Ratón Pérez, Los guantes mágicos, Elsa y Fred, Whisky, Crónica de una fuga, Cara de queso, ¿Quién dice que es fácil?, Patoruzito, Isidoro, Sofacama y No sos vos, soy yo, entre muchas más.
Calculan que unas 30 mil personas pasarán por la ‘sala’ en todo su recorrido. Y, mientras tanto, irán rodando un documental acerca del viaje y de cómo los reciben los habitantes de cada lugar. La aventura comenzó el 29 de diciembre. Recorrerán Argentina, luego recalarán en Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice y finalizarán su peregrinación en México.
Más info para seguirlo de cerquita, en su blog Rodando Cine.

¿Pero por qué ella primera en mi humilde homenaje? Primero porque tengo una amiga que es igual, tan carismática y talentosa como ella. Pero en otro rubro. Y además, porque me gusta Vivien. Tiene una belleza de la que hoy no es fácil encontrar, pero ella vivía acomplejada por algo. A ver a ver... imaginen qué. Sus ojos, imposible. Su figura, esbelta y armónica, de acuerdo a los cánones de belleza de las divas de su tiempo. ¿So? Las manos. Dicen los que saben que tuvo que aprender a ocultarlas, y para eso desarrolló habilidades extra. ¿Y qué era lo que no le gustaba? El tamaño. Eran muy grandes. Bajo mi vista del monitor al teclado... ¡Oh! ¿Será que estoy destinada yo también a ser diva?


